domingo, 4 de marzo de 2018

El laberinto

(microrrelato de unas 100 palabras)

La ciudad del amor está vigilada por hermosas Afroditas sin cabezas ni coños.  Su muralla, horadada por la fe de los intrusos, defiende lo indefendible. Quien la traspasa comprende súbitamente que siempre perteneció a ese lugar. Mas, a diferencia del Tártaro, no es residencia eterna, y de cuando en cuando alguien debe abandonarla. Entonces el muy taimado Hermes, mensajero de los dioses, le gira sus pies sobre los tobillos, para que las huellas invertidas en la arena le haga pensar, una vez olvide todo, que siempre entró y nunca salió del laberinto de sus calles.